martes, 15 de diciembre de 2015

En el tren


Otra vez, la vuelta a casa. El tren, hoy especialmente hasta las tetas, huele mal y va muy despacio.  El cartel negro que diga “GLEW” en rebosantes letras blancas será el final del recorrido para Julián. Pero, apenas pasada la estación Avellaneda, parece un horizonte muy lejano.
 El trayecto hasta dicha estación lo hizo con el sobaco de un gordo parecido a Brutus horriblemente cerca de su rostro. Hubiera querido voltear , pero eso significaba quedar de cara al pañal cagado de un bebé subido a caballito de su madre. Afortunadamente, Los tres (brutus, el niño y su madre) bajaron en Gerli, dando por terminado el turno de doble penetración nasal. En Gerli, generalmente no sube nadie, pero este día (laborable, muy caluroso y de paro de colectivos) también jugó El Porvenir, que, por primera vez en su historia, pelea con grandes chances el acceso al reducido por el segundo ascenso a la B nacional. Es así que unas seis o siete personas, de las que Julián suele denominar como “monigotes” (siempre que no se le acerquen mucho y puedan escucharlo) suben a la formación por la puerta más cercana. Mientras animosamente cantan que van a matar a tiros a alguien, se pasan un tetrabrick cortado casi a la mitad. El olor del vino mezclado con cualquier pindonga, descompone al joven, que ese día fue a trabajar con una resaca espantosa y sin comer (memoria emotiva, que le dicen) y el arroz con pollo que comió al mediodía comienza a corromper el orden institucional en su vientre. Es por esta razón que decide abrirse paso entrela gente hacia otro vagón. Es increíble el poder de la casualidad.


El tren llega a Lanús sin más problemas para Julián. Aliviado al cambiarse a un vagón un poco menos poblado, logró apoyar el traste en uno de esos caños torcidos con forma de asiento que, por alguna misteriosa razón, no tienen asiento. Mientras se putea por dentro por haberse quedado sin pila para el discman (el pobre iluso todavía no sabe que en cuestión de meses se puteara por haberlo comprado, en primer lugar) intenta, con todas sus fuerzas, disfrutar del mismo paisaje que ve todos los días, con ojos de novedad. Prueba entrecerrando los ojos… torciendo la cabeza, pero nada. Tiene un momento de…  digamos lucidez, para ser generosos, y saca un fibrón de su mochila y dibuja un pequeño dragoncito que escupe fuego, sobre el vidrio de la ventanilla. El dibujo es muy bonito en un principio. Julián decide agregarle unas cejas como de enojado primero, un chaleco de motoquero después y por último una motocicleta, terminando de estropear el dibujo, que ya no se entiende si es un dragón, un pene o la cancha de El Porvenir. De todas formas, logra entretenerse durante un largo rato y recién regresa al mundo de los adultos al llegar a la pituca ciudad de Adrogué. Otra vez, es increíble el poder de la casualidad.







Si seguía boludeando un rato mas no la hubiera visto nunca, ya que ni bien entró se hizo lugar parada de espaldas a él. Tampoco la hubiera reconocido si no pasara casi la totalidad de su tiempo libre boludeando con el Messenger: el, por entonces, novedoso servicio para pajeros de Hotmail, lo que le permitía verla en fotos casi todos los días. Por último, pero en realidad primero en importancia, tampoco la hubiera reconocido si no siguiera perdidamente enamorado de ella.
 Unos pocos besos mal dados en el verano del 99 le alcanzaron para quedar absolutamente maniatado de amor. Un amor que nunca existió o que, en caso de existir, murió cuando ambos terminaron séptimo grado, fue velado cuando ella empezó el secundario en capital y empezó a largar olor a podrido cuando él repitió octavo del polimodal. 


Conociéndolo un poco uno podría reconocer en Julián uno de esos pobres pibes que nunca encontraron algo remotamente parecido al amor mutuo y se aferran a un vago recuerdo para sobrevivir. Pero la realidad es un poco peor que eso: lo cierto es que Julián tuvo algo así como un par de noviecitas, que lo quisieron y hasta lo consideraron un tipo interesante, pero por alguna razón nunca pudo sacarse de encima la obsesión por esa piba que se fue del barrio hace años y que vio en vivo y en directo por última vez en la prepubertad.  



Sin embargo, desde aquel agreste viaje de egresados en épocas en que moría la convertibilidad, nunca más se animó a hablarle. Eso sí, alguna vez, gracias a los avances de la tecnología, le envió un zumbido de madrugada.  








Bianca sí parece tener pilas en su discman, o en lo que sea que está usando, porque enseguida se coloca los auriculares y empieza a cabecear al ritmo de una música que para Julián es imaginaria ¿Será el cassette de compilados románticos que le grabó y le obsequió durante el viaje de egresados? Nunca lo sabremos. Él no puede dejar de mirarla. Tiene puestos unos jeans celestes casi blancos y un pullover amarillo de cuello de tortuga, además de una ínfima mochila colgando de sus hermosos hombros.  Lleva en la mano una carpeta verde translúcida llena de fotocopias, con letras prolijamente resaltadas en amarillo y magenta. Su pelo es tan negro y liso como siempre y llega exactamente hasta el lugar donde empieza su espalda.  Tiene el flequillo rectilíneo cortado medio centímetro arriba de los ojos. Entre sus cabellos logran asomarse las puntas de sus orejas, de las que cuelgan dos grandes aros cromados. Casi no usa maquillaje, apenas un sutil toque de sombra alrededor de sus enormes y hermosamente marrones ojos y un poco de color en los labios finos, como de princesa. Julián miró su rostro apenas uno o dos segundos y sin embargo todavía puede ver, hasta casi oler, cada uno de estos pequeños detalles.










Julián sabe que Bianca se mudó a Adrogué donde vive con sus padres. Sabe también que estudia magisterio en Lomas y que tiene un perro mestizo, del tamaño de una budinera grande, llamado Cachi. Aunque parezca increíble, a Julián no le avergüenza ni un poco saber todas esas cosas.
  Mientras observa indisimuladamente las nalgas de Bianca, trata de pensar como iniciar una conversación, o como hacerse notar siquiera. Lamentablemente, eso de pensar nunca se le dio demasiado bien. La última vez que se vio en la necesidad de hacerlo con tanta premura, terminó por decirle “Tuve el velorio del casamiento de mi hermana con faringitis” a su ex jefe.


 Como suele ocurrir con las cosas que anhelamos,  a Julián le resulta más fácil (y placentero) imaginarse el paso siguiente a un hipotético excelente inicio de conversación. Se imagina bajando del tren junto a Bianca (sea en la estación que sea, claro está) y hablándole de lo mucho que había pensado en ella, de un modo que suene más interesante que aterrador.  Se imagina señalándole la fachada de la escuela y riendo los dos al unísono. Se imagina besándola apasionadamente, en la puerta de su casa primero, en un crucero transatlántico después. Julián queda absorto unos segundos, hasta que despierta y se da cuenta que en la próxima estación deberá bajarse. Se cachetea a si mismo fuertemente en pos de la concentración. Esto despierta la atención de muchos pasajeros, pero entre estos no se encuentra su amada. 









Julián vuelve a enfocarse en la tarea de pensar temas de conversación que de alguna forma lo lleven a encamarse con Bianca, pero no se le ocurre nada. Empezando por la negativa, trata de descartar opciones. Supone que le convendría evitar el tema del polimodal, que todavía no pudo terminar, o de su trabajo, que por un sueldo de hambre lo tiene doce horas encerrado en un cuartucho con olor a humedad. Encuentra poco conveniente hablarle de los amigos en común, ya que sabe que ella cortó relación con casi todos y que, además, los que él frecuenta están, en el mejor de los casos, en su misma situación laboral y académica.


  El tren se para a mitad del camino entre Longchamps y Glew y Julián lo percibe como una señal. Tiene que hablarle, tiene que pensar algo rápido. Empeiza a golpearse la cabeza repetidamente con mas fuerza que la vez anterior. Algunos pasajeros empiezan a alarmarse y se alejan evitando el contacto visual. Una anciana le toca el brazo y le pregunta  “-¿estás bien nene?” Julián le dice que si con la cabeza  y cierra los ojos con fuerza, como queriendo hacer jugo de pestañas. El tren reanuda su marcha. Julian se maldice por dentro por ser tan estúpido, tan fracasado. Tan idiota como para tener al único amor de su vida delante suyo y no saber que decirle. El tren va llegando a la estación a  paso cansino. La anciana vuelve a acercarse a Julián, que esta al borde del llanto “-Se te cayó el marcador” le dice, señalando el piso. Por última vez, el poder de la casualidad.

 







Lo que sucede en ese  instante es un prodigio. Julián mira el marcador y entiende todo. Lo levanta del suelo, y sabiéndose apoyado del lado del andén, empieza a escribir. En la misma ventanilla donde dibujo el dragoncito, escribe un mensaje que empieza con el nombre de su amada bien grande y en mayúscula. Bianca tendrá que verlo sí o sí.



A continuación arremete la catarsis y con la letra mas prolija que puede le confiesa todo lo que realmente siente por ella, lo desdichado que lo hace el abismo que se abrió entre ambos, que nunca pudo encontrar alguien que lo haga sentir así y como sueña con algún día ser mejor, terminar la escuela, empezar una carrera, conseguir un buen trabajo, no por un sueño personal, sino para merecerla. En pocos segundos, escribió un choclazo visceral, verdadero, sentido. Mientras el resto del pasaje lo miraba, seguro de su desequilibrio, dudando sobre su peligrosidad. Lo que quedaba era lo mas sencillo. Bajar, rápido, antes de que ella lo vea, evitando un verguenzón y dejar que el destino y Bianca hagan el resto.

Fue el primero en bajar, como un bólido cruzó la estación y empezó a caminar hacia su casa, ensimismado, con las manos en los bolsillos, pensando las variables, las consecuencias, desde las más bellas hasta las más terribles, de lo que acababa de hacer. De todas formas, pase lo que pase, se sentía satisfecho, como lleno. Por fin ella sabría exactamente cada detalle de lo que Julián fue acumulando en todo este tiempo. Todo ese amor, toda esa frustración. “Ella por fin lo va a saber. Clarito y sin vueltas” pensaba.


  En eso estaba cuando un tropezón con una baldosa floja lo hizo caer en la cuenta de un pequeño detalle: Había olvidado firmar el mensaje. Ella podría leerlo y hasta gustarle lo que decía, pero nunca iba a saber que venía de su parte. En un segundo llegó a imaginar a un impostor, que haciéndose pasar por él, se quedaba con su chica. Julián, absolutamente estropeado empieza a patalear y gritar en medio de la calle. Toma su mochila y la revienta contra el suelo. Se golpea, se escupe. Finalmente se desploma en la vereda a llorar en soledad.


  Quizá, para la parabólica posibilidad del idilio amoroso, resulte conveniente que no haya firmado el mensaje. De todas formas, pasajes como “te parto en cuatro, amor mío” o “lo que mas quiero es ser cajetilla como vó” difícilmente lograran enamorarla. Pero en el crudo, oscuro y turro mundo de lo enormemente posible, el pobre Julián se hubiera sacado un gran peso de encima.


















domingo, 20 de septiembre de 2015

Test: Necesito tomar antidepresivos?


1) -Cuando me levanto lo primero que pienso es-
     a) la vida apesta (10 ptos)
     b)nada (20ptos)
     c)quien es ese/a que esta al lado(10ptos)
     d)por que estoy dentro de un basural(10ptos)

2)-Cuando reviso el whatsapp y no tengo mensajes-
    a)le mando un wap a mi ex(50ptos)
    b)le mando un wap a mi amig@ por que me aburro (30ptos)
    c)estockeo (o stalkeo) a mi futuro objeto de posesión que secuestrare y guardare en el sótano  (20ptos)
    d) no hago nada (100ptos)

3)-Tengo un día agotador por delante y no tengo ganas de salir de la cama-
    a)tomo beroca(10ptos)
    b) tomo alguna pastilla del botiquín (20ptos)
    c)tomo cafiaspirina (10ptos)
    d)no tomo nada y hago las cosas igual (100ptos)

4)-Sexualmente me siento-
    a)muy sexy y atrevid@(50ptos)
    b)no tengo ganas de mojar la vainilla(50ptos)
    c)garcho todo lo que tengo al alcance (50ptos)
    d)llamo muy seguido a mi ex por que mejor malo conocido que bueno por conocer (100ptos)

5)-Cuando me veo en el espejo-
    a) veo un ser feo y oscuro(10ptos)
    b) veo gente muerta (20ptos)
    c) me excita lo que veo (10ptos)
    d) debería someterme a una crujía peneana (50ptos)

6)-A veces pienso en quitarme la vida-
    a) no tengo vida seria imposible quitarmela (100ptos)
    b) prefiero matar a morir (50ptos)
    c) solo cuando veo tinelli (10ptos)
    d) nunca pienso en esas cosas, tengo miedo que me corten la mano como a peron (100ptos)


RESULTADOS:
Entre 0 puntos y 130 puntos:
Usted es un próximo candidato a sucumbir en el sistema psicofarmacologico pero todavía es útil al sistema
debería considerar tomar una dosis baja para prevenir cualquier problema laboral o algún escandalo que pueda
molestar en la vía publica.
recomendación de dosis baja de antidepresivo.

Entre 270 y 700 puntos:
Usted tiene una molesta preocupación por la vida y lo que lo rodea, debería considerar ir a un hospital de día
a hacer bricolaje con palitos de helado y tomar una dosis intermedia de antidepresivos.
Puede que sus dudas estén por descubrir la cura contra la pelotudes humana, usted no debe tomar
a la ligera este puntaje, vaya y consulte a su neuropsiquiatrista mas cercano.

Entre 700/980 o mas:
Usted no es quien cree ser. Usted es un ente demoniaco que debe ingerir rápidamente un antidepresivo en dosis altas,
le sugerimos, casi que se lo estamos ordenando, que también tome antipsicoticos, anticonvulsivantes, antideslizantes,
clonazepam y una visita diaria a un neuropsiquiatrista. Le ordenamos que se interne y se aisle del resto
de la sociedad ya que podría ser contagioso y desmoronar todo el pilar que (roche, bago, gador, denberfarma, ect) creó
amorosamente para que usted pueda seguir siendo útil: como un manjarcito o un panecillo recién sacado del horno
tierno y suavecito, sin omitir quejas ni renegar de nada. hagase un favor y visite a un neuropsiquiatrista.

**estos resultados carecen de valor diagnostico profesional, para un diagnostico medico, consulte la cartilla
de su obra social o pongase talco mentolado en el ojete y espere un turno es un hospital gratuito**

martes, 1 de septiembre de 2015

Subte

Las cosas mágicas que me gustan del subte:

Ver las caras de las personas que regresan a sus casas en hora pico
y adivinar de que manera les rompieron el ojete en sus trabajos (de oficina la mayoría) ese día.
El croto/la crota que sucumbió al linyerismo a cambio de fines de semana de porro o pastilla.
El cheto/la cheta que tiene los auriculares que pueden llegar a captar señales espaciales, un iPhone que también paga pasaje y sus perfumes que no fueron declarados en la Afip.
El suicida/la suicida que esta deseando que las puertas del vagón le corten la cabeza así no tiene que laburar mas.
El/la que se caga en todo y cambio toda "fashionabilidad" por la comodidad mas absoluta, teniendo un nokia1100 que ,siempre siempre le, va a ser fiel, un mp3 que por mas que el mismo subte le pase por arriba va a seguir funcionando; lo compro en mercadolibre, fue fabricado en el '86 cuando maradona metió un gol con la mano y nadie se dio cuenta, por que no había televisores HD, y el mismo, tiene horas de batería que hacen que no tenga que soportar nunca mas, a la gente que lo rodea; y así un montón de personajes con ganas de morir pero también de ganar plata.
Todos ellos pasando en una fracción de segundos en cada vagón, para que vuelvan a pasar mas, con una frecuencia de 10 minutos entre cada viaje.
Las ojeras, las orejas rojas de la calefacción en invierno, la flaca que odia ser flaca por que
se abusan de eso y termina siendo asfixiada por los gordos de alrededor que odian ser
gordos y odian a los flacos y se arma una tormenta eléctrica de odios entre gordos y flacos
todo esto en silencio como la guerra fría.
Los únicos que están sonriendo por que se están garchando con la mirada.
El pervertido detrás de una pobre mina que se la esta apoyando y no puede decir nada por que
la capacidad del subte esta siendo rebalsada por la demanda de trabajadores que necesitan llegar pronto a sus casas-
sabiendo de manera inconsciente que todo lo que están haciendo es al reverendo pedo, por que todos
se van a ir corriendo de esa caja (subte) para terminar en otra (jonca); y encima en sus casas no hay nadie que les cocine, se tienen que preparar la comida, lo único "seguro" que tienen en sus vidas es una pelotuda o pelotudo que siempre les responde los wuasapes o feisajes (mensajes de facebook)- y hasta ahí nomas. por que todavía están boludeando algún garche del pasado.
Los que tienen pareja están pensando en la sonrisa de su amado/a y se les hace mas leve el olor del cartonero que subio en plaza miserere o (miseria).
Aun así! y a pesar de todas estas cosas (las cuales algunas pueden también verse en el colectivo) la magia del subte sigue siendo un canto a la velocidad! que combinada con el tiempo y la distancia nos dan como resultado, el fin de esta entrada.
chau.